(Ensayo reflexivo en base a la película "A Dangerous Method")
Reflexionar sobre la ética
debería ser una tarea constante, instalada en los profesionales; especialmente
en quienes trabajamos directamente con personas. Es que no existen manuales
llenos de diagramas de flujos diciéndonos que hacer todo el tiempo, la gracia
de la profesionalidad recae en ese hecho: en la formación de profesionales
proactivos y sensibles a las necesidades del contexto. Como se ha dicho varias
veces en clases: no hay una técnica mejor que otra, ni uno tampoco se rige por
ella tan rígidamente.
Eso precisamente puede ser un
peligro; para eso hago mi invitación a revisar estos aspectos continuamente.
Nosotros en clases, con los compañeros a medida que nos vayamos formando, con
los profesores en las revisiones y también siendo profesionales, con colegas y
compañeros de trabajo.
Nuestra disciplina no es como la
del médico, quien puede saber directamente si su termómetro anda mal (y
comprarse otro), o como el ingeniero con su calculadora: somos nuestra
herramienta, y tal como con cualquier otra necesita cuidado.
“Un método peligroso” nos muestra los caminos a
los que este cuidado (o la falta de él) nos puede llevar. Me puedo dar la
libertad de hacer una analogía intrapsíquica:

No
pretendo mostrar algo que sea novedoso, sólo lo que mí a parecer fue un acierto
del director o guionista. Al parecer, hubo un sobrado estudio sobre las
dinámicas del psicoanálisis en el trabajo de esta obra.
Vimos a Jung como un yo débil a
las presiones del Ello, no de Otto Gross, sino que del mismo Jung, pero
empoderándose con los argumentos de un psicoanalista bastante particular. La
figura paternal Sigmund Freud obviamente, frente a la corroboración de los
chismes que oía no pudo hacer más que decepcionarse, cosa que al parecer a Jung
pareció afectar de sobremanera.
¿Qué era lo que Carl Jung
pretendía entonces? “La cura por la palabra”; ser algo más que un médico
asistencialista y ayudar efectivamente a sus pacientes; fortalecer el
psicoanálisis; ser socio del Padre del psicoanálisis; aumentar su campo
teórico. No son pocas cosas, ni tampoco parecen malas ideas. Sin embargo, en
medio de lo que podríamos considerar simplemente como una vida cualitativamente
excelente, se perdió. Mujer, hijos, casa nueva, dinero, trabajo, el “bote de
velas rojas.”
Sigmund Freud en su texto llamado
“malestar en la cultura” (1930), abre discusiones sobre las consideraciones
éticas basales en el ser humano, no con la concepción de “criatura tierna”
(literalmente en el texto de Freud), sino que un ser abierto
constitucionalmente a la agresividad, desde las pulsiones eros y tánatos, y
desde la ética desde “lo bueno” y “lo malo”.
Desde mi perspectiva personal es
exactamente esa disposición constitucional de la que debemos cuidarnos, como
herramientas y artesanos de nuestra disciplina. Este componente
contratransferencial que no solamente afectaría el éxito en la terapia, sino
que además podría atentar contra la integridad del paciente: caso que queda más
que explícito en la película. Podríamos acceder a comprender esas escenas de
violencia física sexualizada como expresiones metafóricas de violencias mucho
más profundas y fuertes desde el sentido ético como limitar la mejoría del
paciente y sus capacidades de ser humano más allá de su diagnóstico. Freud
(1930) dice: “La existencia de tales tendencias agresivas (…) es el factor que
perturba nuestra relación con los semejantes (…)”.
El capítulo primero del código de
ética profesional, artículo 1º del código de ética del colegio de psicólogos de
Chile se llama: “Respeto por los derechos y la dignidad de las personas”. Habla
de la adherencia de toda intervención psicológica a la Declaración Universal de
los Derechos Humanos, tanto de temas como la privacidad como también el respeto
de las diferencias individuales. Siendo el primer artículo del primer capítulo,
es evidente la importancia que estos temas tienen en la dinámica de la
realización de nuestra disciplina. (Colegio de Psicólogos de Chile, 2003).
Tomando las nociones de estos
puntos de vista “superyoicos”, uno de los padres de la psicología como disciplina
científica y el código desde el cual deberíamos orientarnos en el país en
nuestro trabajo nos hablan de un marco; tomando el nombre del manual citado, un
“código de ética profesional” como un marco de acción, sin embargo comenzamos
exponiendo sobre la relativa libertad existente dentro de los marcos. La llave
para mí, como mencioné, se basa en la constante revisión de nuestro desempeño,
nuestros casos, proyectos, cualquiera sea nuestra intervención. Mantenernos
“calibrados” constantemente, frescos no sólo teóricamente sino que
prácticamente.
La película nos muestra cómo
puede existir movimiento incluso dentro de estos marcos, lo que haría que ellos
como tal no sean suficientes. Incluso dentro del exclusivo círculo
psicoanalítico vienés pudieron existir “aberraciones” éticas, como Gross o
Jung, teóricamente impecables, enmarcados efectivamente dentro de una sociedad
y funcionales como terapeutas, sin embargo, tan próximos a nociones
destructivas o perversiones sexuales. Gross al menos era sincero, razón por la
cual llegó a ser internado, me imagino. Jung negó varias veces su propia
experiencia con su paciente, algo que para mí es un agravante.
Pasamos el tiempo en el análisis
e intervención de otro, enfocados en su cura, en movilizar las cosas en su interior
para hacer logros, y sin embargo muy pocos enfoques reconocen la existencia de
variables contratransferenciales (principalmente el psicoanálisis y algunos
enfoques humanistas). Estas son precisamente los indicadores a los que nosotros
debemos considerar, reconocer que hay movilización de cosas internas, procesos
que surgen en nuestra psiquis indudablemente mientras interactuamos con otro.
Ahora bien, un enfoque como ese
necesita reconocer una cierta horizontalidad en la terapia, que algunos desarrollos
teóricos pueden no asumir, o no quieren asumir. No hay un terapeuta “endiosado”
que sabe todo sobre lo que el paciente debe hacer o es capaz de “leer la
mente”. El terapeuta es un humano educado o entrenado en ciertas habilidades
que pueden ayudar a otros, pero un humano al fin y al cabo, con procesos
internos similares a los de los pacientes, que puede afectarse también con lo
visto en la terapia pero, siendo su profesión, debe ser capaz de aprender y
crecer de ello: tal como nosotros esperamos que suceda con nuestro paciente.
No es una invitación novedosa, lo
sé. Se trata de recalcar la importancia de trabajos como este y de dinámicas de
conversación que se han instalado en nuestras clases para ir engrosando ese aspecto
autocrítico y de autoconocimiento, independiente del desarrollo teórico de
gusto de los alumnos; en el fondo toda discusión bien enfocada y fundamentada
como se debe debería indicar en la dirección del crecimiento, tanto teórico
como personal. Instalar estas dinámicas deben tener ese centro, ese fin:
crecimiento teórico y personal no sólo por el bien del paciente, pero también
del mismo terapeuta desde el crecimiento y formación de personas.
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Referencias Bibliográficas
Freud, S. (1930). Obras
Completas. Buenos Aires: Amorrortu Editores.
Colegio de Psicólogos de Chile. Código
de Ética Profesional, 2003. Santiago de Chile, recuperado de ponce.inter.edu/cai/bv/codigo_de_etica.pdf










